SER PADRES Y MAESTROS

Nuestro hogar es el mejor espacio donde los niños descubren su potencial, aprenden nuevos conocimientos, adquieren habilidades sociales y la gestión de sus emociones y por supuesto, crecen espiritualmente.
Pero para conseguir todo esto necesitan la participación activa de sus padres o tutores. Esto no significa que los padres tengan que estar atendiendo las 24 horas a sus hijos "pegados" a ellos. Sí significa que los padres tendrán una intención en cada actividad en el día a día ya sea estén junto a ellos o den un espacio para que los niños aprendan solos.
Por tanto, hablamos de que los padres debemos ser INTENCIONALES en la enseñanza de nuestros hijos. Es más, aunque tú no quieras ser intencional, tus palabras y acciones o la ausencia de ellas tendrán una repercusión en la vida de tus hijos. Podría decirse: "causa y efecto". Lo que digas y/o hagas o lo que no digas y/o hagas, tendrá un efecto en tus hijos, positivo o negativo, pero lo tendrá.
Dios, nuestro Padre ejemplar, nos revela cómo ser padres, y quiero mencionar tres acciones que podemos seguir en nuestra tarea parental.
1. Dios conoce a sus hijos.
Señor, tú me has examinado y me conoces, tú conoces todas mis acciones; Aun de lejos, te das cuenta de lo que pienso. Sabes todas mis andanzas, ¡sabes todo lo que hago! Salmo 139:1-3 DHH
2. Dios escucha a sus hijos.
En mi angustia invoqué a Jehová y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su Templo y mi clamor llegó hasta sus oídos. Salmos 18:6
3. Dios habla con sus hijos
El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Mateo 4:4
A cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las pone en práctica, lo compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. Mateo 7:24
Podríamos decir que "conocer, escuchar y hablar con los hijos" no es el "gran descubrimiento" pedagógico. ¡Eso ya lo sabemos! (Me dirán ustedes.) Es tan lógico que Dios haga estas cosas...¿no? ¡Él es Dios!
Para ser eficaces en la labor como padres deberíamos, en primer lugar, conectarnos con Dios, recibir de Él, estar de acuerdo con sus principios y obedecerle. Solo entonces, veremos que nuestro interior, nuestra vida espiritual crecerá, nuestro carácter mejorará, nuestra forma de mirar la vida también cambiará para bien. En nosotros habrá crecido el amor de Dios, la compasión, el respeto, el coraje, la justicia y demás valores. ¡Seremos mejores personas! ¡Será Dios en nosotros! Entonces, todo lo que salga de nosotros será mejor, y los demás lo podrán ver, incluyendo los hijos.
El principio es simple: Nuestra relación con Dios se traslada a nuestra relación con los demás.
Cuando conocemos a Dios desarrollamos una relación personal con él, y si obedecemos sus enseñanzas, y ponemos en práctica sus principios en nuestras vidas, hay un resultado: la esencia de nuestro ser sufre un "upgrade", un mejoramiento, una transformación para bien, un cambio en nuestro interior que no puede ser producido por nada más que por la relación con nuestro Creador.
Si bien es cierto, las terapias, el coaching, el mentoring, los seminarios, entre otros, son buenas opciones para ayudarnos a superar traumas y progresar en el logro de nuestros objetivos, muchas veces estas ayudas son conductuales y se requiere una gran fuerza de voluntad para que los cambios sean permanentes a lo largo de la vida.
Por eso decimos que solo un conocimiento personal de Dios realiza un cambio desde adentro, desde el interior, y esta transformación es visible para los demás. Necesitamos conocer a Dios y hacer lo que Él nos pide, y así lo que salga de nosotros será lo mejor para poder establecer una estrecha relación con nuestros hijos, conociéndolos, escuchándolos y hablándoles.
Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia. Proverbios 2:6
Si alguno de ustedes no tiene sabiduría, pídasela a Dios. Él se la da a todos en abundancia, sin echarles nada en cara. Santiago 1:5
Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros. Filipenses 4:9